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MISIONES: UN FALLO A LA MEDIDA DEL PATRIARCADO

El Tribunal Penal 1 de Eldorado, en la provincia de Misiones, condenó a 20 años de prisión a María Ovando por, supuestamente, “haber permitido, o no haber impedido” el abuso sexual de su hija menor de edad. Pero, por otro lado, condenó a los autores del abuso, Marcos Iván Laurindo y Lucas Ferreyra, a 18 y 15 años, por el delito de “abuso sexual con acceso carnal gravemente ultrajante y corrupción de menores”. La mujer, en el momento en que se cometió el abuso no estaba a cargo de la menor de edad. En 2015, le habían quitado la custodia de la niña. Se trata de un ejemplo claro de justicia patriarcal, ya que María fue víctima de la injusticia judicial en 2012 cuando fue condenada (luego absuelta) por la muerte por desnutrición de su hija de 3 años.

La historia de María Ovando, desconocida para las grandes masas, es una historia de postergación y de desidia. Una desidia que, seguramente, padecen miles de argentinos y argentinas, no sólo al interior del país, sino también en la Ciudad. Esta mujer, indigente, que pasó gran parte de su vida como picapedrera, es madre de 12 hijes. La primera vez que fue madre tenía 14 años. Fue víctima de violencia de género y de abandono de sus parejas. Vivía en el monte de Colonia Mado, cerca de Eldorado, una ciudad al noreste misionero, a 207 km de Posadas. Un lugar prácticamente inhóspito, a donde no llega la asistencia social del Estado, ni la asistencia sanitaria. De hecho, de sus 12 hijes, la mayoría eran indocumentades.

En marzo de 2011, una de sus hijas, Carolina, de 3 años, murió de desnutrición. María tenía entonces sólo 117 pesos por mes para poder dar de comer a su familia. No tenía la posibilidad de acceder a ningún tipo de beneficio social, dado que no había ningún agente estatal que llegue hasta donde ella vivía. La pequeña Carolina era indocumentada, el único registro oficial que hubo de ella fue su partida de defunción. Un año más tarde, María tuvo que enfrentar un juicio, acusada de abandono de persona. Tras 20 meses detenida, una acción judicial desmedida, recibió la absolución. Sin embargo, en 2015, la jueza Margarita Potschka, le quitó la tenencia de sus hijes menores, y les otorgó la custodia a los abuelos paternos.

Dos de sus hijas fueron sometidas a abusos y corrupción por parte de Laurindo y Ferreyra, los dos condenados junto a Ovando. El fiscal Federico Rodríguez, el mismo que había acusado en 2011 a María por la muerte de su hija, que llevaba adelante la acusación por parte del Estado, pidió una condena de 22 años para la madre. Para este fiscal la madre de las jóvenes abusadas tiene mayor culpabilidad, aunque no estén bajo su custodia, que los propios abusadores. Una justicia a medida del patriarcado.

“El Estado sólo apareció en su vida para juzgarla”

Equipo Misionero de Derechos Humanos

Por eso, desde la defensa creen que hay una determinada alevosía e injusticia contra ella. “El Estado sólo apareció en su vida para juzgarla” aseguraron desde el Equipo Misionero de Derechos Humanos. Mientras que, desde la defensa de María, la abogada Roxana Rivas expresó que “Seguiremos vías recursivas, sabemos que el hostigamiento judicial que recibe María no termina acá”. Y adelantaron que acudirán a organismos internacionales para denunciar el accionar de la justicia misionera, que estigmatiza a la mujer; y que, a juzgar por la dureza con que ataca a unos y a otros, destila signos de machismo y discriminación, por ser mujer, pobre y semi analfabeta ¿Para qué está el Estado?¿Para perseguir y condenar o para asistir quién la pasa mal?

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