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MAÍZ: OTRA RECULADA DEL GOBIERNO POR LAS PRESIONES PATRONALES

El gobierno avanzó en la suspensión de exportación de maíz. Los grandes productores amenazaron con un paro y el gobierno debió recalcular la estrategia y volver atrás para no reeditar el conflicto del 2008. Sin embargo, el debate de fondo es el modelo de producción de alimentos en el país.

Antes del cierre del año el gobierno nacional había dispuesto una suspensión en la exportación de maíz hasta el 1 de marzo. El objetivo era asegurar el abastecimiento del grano para los sectores que lo utilizan como materia prima. Esto trajo una reacción de los sectores agropecuarios del establishment, hablamos de la Mesa de Enlace en la que participan la Federación Agraria Argentina y la Sociedad Rural, que llamó a un paro.  Ante la reacción el gobierno, mediante el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca, estableció un diálogo con representantes del Consejo Agroindustrial Argentino. De allí qué, este lunes anunciaron una flexibilización de la importación con un tope diario de 30 mil toneladas, con el compromiso de los productores de asegurar abastecimiento para el mercado interno.

Sin embargo, los sectores más duros rechazaron dicha propuesta y continuaron adelante con la medida. Por eso, el gobierno nacional, en otra demostración de retroceso en sus decisiones, decidió sustituir este tope de exportaciones por un monitorio del saldo exportable del cereal, con un compromiso de abastecimiento interno sin condicionamientos para el sector exportador que en el último año ha ganado millones de dólares por la producción de maíz.

Mientras tanto, desde el otro lado del sector campesino, desde las organizaciones de pequeños productores, insisten en que “estas son medidas tomadas en forma aislada por el gobierno nacional” y que falta un debate sobre el modelo de producción y la ruralidad argentina.

El grano de maíz tiene diferentes aplicaciones. Se utiliza como forraje para la alimentación de aves, porcinos y vacunos; como materia prima para la producción de alimentos de consumos humanos o para el uso de la industria alimentaria. Este año superó en el primer lugar en la producción de granos a la soja. Se encuentra en un auge por los factores climáticos y por el crecimiento de las retenciones a la soja.

La Bolsa de Comercio de Rosario había estimado en marzo que el país produciría este año 50 millones de toneladas en la campaña 2019/20. Del total, 33,5 millones tendrían como destino el mercado externo, 12,6 millones se utilizarían para forraje, residuo y semilla mientras que la industria absorbería 3,8 millones. Sin embargo, a fin de año, cuando el gobierno decidió suspender la exportación se llevaba autorizada la exportación de 34,23 millones de toneladas de maíz de la campaña 2019/20. Es decir, se superó las expectativas previas. Esto representa cerca de 7207 millones de dólares.

Por eso, y ante el creciente aumento de los precios de los alimentos (un 74% en carne bovina un 58% en aviar y un 59% en porcina) el gobierno nacional decidió que el excedente de maíz se garantice para el mercado interno con el objetivo de que disminuya el precio de los alimentos, dado que si es exportable el precio del mercado interno compite con el internacional establecido en la Bolsa de Chicago.

Ante esto, los productores del cereal a gran escala se escandalizaron y salieron a manifestar su decisión de realizar un paro, al mejor estilo del 2008, en rechazo a la medida. Desde la Bolsa de Granos de Córdoba manifestaron que una intervención en el mercado exportador perjudica a la producción porque los productores buscan invertir en algo más rentable y esto afecta al mercado interno porque se desabastece.

Además, discuten el argumento del gobierno sobre el impacto del precio del grano de maíz en otros productos. Infieren que el aumento de carnes animales no sólo se explica por el precio del grano sino por aspectos estructurales como impuestos, transportes y cuestiones laborales. Aunque de fondo está en juego la intervención del Estado en el mercado de granos, algo que en la gestión de Mauricio Macri no existió, por el contrario, hubo una retirada con la consecuente liberación de restricciones a la producción lo que llevó a que el precio del maíz fuera en una pendiente creciente que logró su cenit este año con una cosecha récord y las ganancias extraordinarias.

Esta extorsión por parte de las cámaras patronales del campo ablandó la postura del gobierno por el miedo a reeditar un conflicto como el de 2008. Por eso, y ante el anuncio de un paro de 72 horas, el ministro de agricultura, Luis Basterra, convocó al Consejo Agroindustrial Argentino (CAA), incluidos representantes de Maizar, CIARA CEC, y de las producciones aviar, con el objetivo de acercar posiciones.

Así es que este lunes se había anunciado un acuerdo que eliminaba la suspensión y establecía un límite de 30000 mil toneladas diarias para la exportación. No obstante, las patronales no dieron el brazo a torcer, y envalentonados por la retracción del gobierno, continuaron con su postura de rechazo. Hecho que trajo una nueva retractación del gobierno que este martes anuncio que se elimina el límite diario anunciado y se conforma un monitoreo de saldo exportable con un compromiso de los productores de garantizar abastecimiento al mercado interno. Consecuentemente, tras haber conseguido su cometido, las cámaras patronales evalúan levantar la medida de fuerza.

Esta situación pone en evidencia una actitud dubitativa del gobierno nacional, propia de quién no tiene una política definida al respecto. Y la primera medida que tenía por objetivo contener el aumento de precios en los alimentos, una problemática grave en un país donde hay un 44% de pobres, es positiva, aunque insuficiente sin una política de redistribución de la tierra y cambio en el aparato productivo de alimentos del país, el que es el verdadero debate de fondo en el país. Así lo reflejó Agustín Suarez de la Unión de Trabajadores de la Tierra (UTT) que manifestó “creemos que es muy necesario el debate y la discusión sobre el modelo de producción sobre la ruralidad argentina. Sobre el modelo de producción de alimentos en Argentina. La distribución de la tierra, los medios de producción, la matriz productiva. Creemos que por ahí es necesario dar la discusión para que algo realmente se modifique, y poder tener el control real de los precios de alimentos”. Asimismo, expresó que si bien están de acuerdo con medidas de este tipo que buscan acomodar los precios de los alimentos, haberlo hecho de un modo aislado y sin consenso con las organizaciones sociales y los pequeños campesino, “pueden tener un impacto positivo a corto plazo pero después todo va a volver a dispararse”.

En definitiva lo que queda demostrado una vez más es que para que el Estado no vuelva a perder poder, y sobre todo para lograr una soberanía alimentaria, se hace indispensable repensar un modelo de con una redistribución de la tierra y una socialización de los medios de producción en condiciones ambientales saludable. Sin eso, será difícil poder avanzar por las restricciones que imponen el poderío económico.

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