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¿PODEMOS TENER UN NUEVO CONFINAMIENTO?

El país se dirime entre volver o no a una restricción total por la segunda ola de contagios, que parece crecer de forma acelerada. Mientras, nos preguntamos ¿Puede la clase trabajadora soportar un confinamiento estricto en un país donde el 42% de las personas son pobres?¿Cuáles son las variantes para no regresar a un esquema similar a marzo de 2020?

Finalmente los presagios sobre la segunda ola de contagios de covid-19 se hicieron realidad. El registro de las últimas horas habla de 16056 nuevos casos, 124 muertes, y un aumento de 215% con respecto a la semana anterior, solamente en la provincia de Buenos Aires. Los feriados de semana santa resultan ser un escenario temible por la cantidad de reuniones sociales que se realizarán y que permitirían que el virus continúe haciendo estragos.

Con las nuevas cepas con circulación comunitaria y con el plan de vacunación caminando muy lentamente. La pregunta que surge es ¿Están dadas las condiciones para un nuevo asilamiento total?

A principios de 2020 el gobierno decidió encarar una cuarentena estricta para ganar tiempo y reforzar el sistema de salud para que el crecimiento en los contagios no lo desborde. Esto tuvo una consecuencia en la economía del país, por la que cayó el PBI en 9,9%. Algo que sumado a la herencia de los años del macrismo en el poder, fueron un combo perfecto para una situación crítica en materia económica y social. Cierre de comercios, aumento del desempleo, pérdida en el poder adquisitivo de los salarios, especulación de formadores de precios, inflación y aumento de la pobreza.

Todo esto que se vivenció costó sangre, sudor y lágrimas en el pueblo trabajador, pero se transitó con la esperanza de que en 2021 con la llegada de la vacuna, la situación retome un sendero de “normalidad”, que permita sobreponerse de uno de los peores años de la historia de la humanidad.

Sin embargo, las vacunas no llegaron en la cantidad esperada, por un contexto internacional de disputa sobre la escases de este bien tan preciado, y la aparición de cepas nuevas, aparentemente más contagiosas, y por lo tanto, más letales. Hablamos de la ya famosa cepa de Manaos, la del Reino Unido, Sudáfrica y California. Esto pone en discusión nuevamente sobre qué medidas se deben adoptar.

Desde el gobierno se encargaron de decir que no está en los planes volver a la famosa FASE 1, de hecho la ministra de salud, Carla Vizzoti consideró que “no estamos en marzo del año pasado, no estamos pensando en esa medida”. Sin embargo, los casos aumentan y el frío se acerca a la región, por lo que se espera que continúen en ascenso.

El fin de semana se había decretado el cierre de las fronteras y la cancelación de vuelos de Brasil, Reino Unido, Chile, México y Sudáfrica, al mismo tiempo que se alentaba a que no se vayan de viaje al exterior. Al mismo tiempo, se impuso la necesidad de realizar un PCR en el ingreso al país, con costo de las personas, y aislamientos por 10 días. Pero esto no parece alcanzar porque el relajamiento de los últimos meses permitieron que el virus siga circulando.

Tren Sarmiento, pasajeros hacinados, sin distanciamiento

Sin embargo, volver a una fase de restricciones absolutas parece imposible porque la economía del pueblo trabajador no lo resiste. Todavía estamos pagando las consecuencias del 2020. La pobreza ataca al 42% de las personas, 6 de cada 10 niñes menores de 14 años es pobre; el 59% de las empresas no pudieron recuperar sus ventas pre pandemia, el 11% de la población está desocupada y si sumamos a los subocupados este número llega al 29%. Esto hace suponer que volver a FASE 1 se haría imposible, dado que no hay margen para poner a cero una maquinaria productiva que aún funciona con deficiencias.

Relajamiento en los bares de la Ciudad de Buenos Aires

Entonces, la solución podría llegar por los controles más exhaustivos, no permitir reuniones sociales numerosas, control a los comercios gastronómicos, sobre todo los bares, donde no parece haber conciencia de la pandemia, restricciones en el transporte público, que funciona cada vez más hacinado; y fundamentalmente repensar la presencialidad en la escuela y los trabajos que puedan hacerse desde casa, que permitiría que la circulación baje en las calles. Todo esto debe ir acompañado de una creciente campaña de vacunación, que hoy lleva 4 millones de dosis suministradas, pero que sólo ha cubierto al 7% de la población.

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