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6 DE CADA 10 NIÑES SON POBRES

Las cifras que lanzó el Indec en las últimas horas no deja de helar la sangre. La pobreza aumenta de manera desenfrenada, producto de una actividad económica que no arranca, la inflación está por las nubes y los salarios en el suelo. Hay funcionarios del gobierno que dan declaraciones como comentaristas de una situación de la que tienen parte de responsabilidades.

Qué el 42% de la población esté bajo la línea de la pobreza es un dato que no puede pasar desapercibido. Dado que la pobreza tiene rostro, nombre y apellido. La vemos constantemente aunque quieran hacerse los distraídos. Aunque después se indignen algunos cuando sale a la luz, como sucedió en las últimas semanas con la desaparición de la niña M.

Ahora bien, este dato no puede desentenderse de un contexto desastroso que vive el país producto del combo macrismo-covid-albertismo. Cuándo el gobierno nacional asumió el 10 de diciembre de 2019 la pobreza abarcaba al 40% de la población. La industria estaba quebrada por las políticas del macrismo, una inflación por las nubes -con récords históricos- y un salario deteriorado que empujó al pueblo trabajador de la cornisa.

La pandemia hizo que se paralice toda la actividad lo que produjo una caída del PBI en un 9%. Sin embargo, las medidas tomadas por el gobierno para reactivar la situación no alcanzaron y hoy, un año después del inicio de las restricciones, en el país el 57% de les pibes está en situación de pobreza.

Las condiciones en que Macri dejó la economía son las peores, eso no se puede dejar pasar, sin embargo, y pesar de una recuperación de la actividad que deja al país en mejor situación que antes que llegue la pandemia, lo cierto es qué el 31% de los hogares argentinos se encuentran debajo de la línea de pobreza, la inflación interanual está en un 40,7%, los salarios no tienen poder para recuperar lo perdido y crecen los números de desocupación y subocupación, sobre todo en los jóvenes.

Hoy el 59% de las empresas no pudieron recuperar su nivel de ventas. Esto está íntimamente emparentado con la falta de dinero en los bolsillos argentinos. Mientras los sindicatos buscan cerrar paritarias que ronden el 30%, los alimentos y las bebidas no alcohólicas aumentaron un 48% interanual, y las prendas y calzados un 61%.

Para tener una dimensión del deterioro del salario de las y los trabajadores argentinos basta con mirar que en 2015 el salario mínimo vital y móvil rondaba los 620 dólares aproximadamente. En cambio, con la actualización de marzo de 2021 apenas puede superarse los 220 billetes de la moneda estadounidense. Esto quiere decir que hubo una transferencia gigantesca, casi tres veces, de los bolsillos de los trabajadores a los bolsillos de los especuladores financieros y los sectores concentrados de la economía.

A ese deterioro del salario hay que sumarle que 1.4 millones de personas están desocupadas, lo que representa un 11% de la población económicamente activa. Si le sumamos las subocupados, hablamos de un 29% de la población. El sector más castigado son las mujeres de entre 14 y 29 años, el 26% están desocupadas. Los jóvenes ven cada vez más complicados acceder al mercado de trabajo. El 19,3% está desocupado y el 60% trabaja en la informalidad.

Asimismo el mercado de trabajo parece que no será muy activo en los próximos meses. Según la Cámara Argentina de Comercio sólo el 4,7% de las empresas tiene pensando contratar personal en los próximos meses.

Desde el gobierno hay funcionarios que parecen comentaristas de la realidad, cuando en sus manos tienen cierto poder para cambiar esta situación. El cuestionadísimo ministro de trabajo de la nación, Claudio Moroni, afirmó respecto del índice de pobreza que “es un desastre, es una cachetada”, como si esto no sucediera en una gestión en la que él es ministro de un área que debería encargarse de generar condiciones de empleo para disminuir la pobreza.

Lo cierto es qué las medidas de impacto de la pandemia (ATP, IFE y préstamos a tasa cero) duraron poco y tuvieron leves impactos. Los intentos de acuerdos de precios con los sectores de la industria para evitar disparada de precios no tuvieron fuerza y hasta no se respetaron. Y el gobierno está en la encrucijada de seguir combatiendo la pandemia y, además, sacar a la mayor parte posible de argentinos de la pobreza, con recursos escasos y sin entrar en conflicto con los sectores concentrados de la economía. A la sazón, se avecinan los pagos de la deuda fraudulenta adquirida por Mauricio Macri y que el gobierno de Alberto Fernández en campaña propuso discutir, pero que ya en funciones parece que pagará sin cuestionar un peso. Situación complicada, mientras en las calles todos los días hay niñes como M.

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